domingo, 30 de junio de 2013

No hay comienzo sin final.

Mientras avanzaba por el estrecho pasillo, su respiración iba acelerando junto con su ritmo cardíaco. A sus escasos 17 años era presa de un intenso temor que podría ser lo último que sentiría. Las luces parpadeantes y el desconocido final del pasillo acrecentaban su ansiedad y pese a todo, seguía avanzando con paso sereno. Finalmente se detuvo, dudosa, bajo el último foco de aquel oscuro pasillo, sin embargo, no había llegado tan lejos para luego retroceder. Firme, siguió su camino, mientras la oscuridad de ese pasillo la devoraba y cobraba vida, las invisibles formas bailaban al ritmo del silencio, ésta oscuridad no era común, era densa, tenía vida y la rodeaba amenazante.

Pasados algunos minutos, que le parecieron horas, dentro de aquella atmósfera, por fin encontró la puerta. Sujetó la perilla unos segundos saboreando su triunfo y finalmente la giró. La chirriante puerta no opuso resistencia y le contó sus secretos. Su corazón se detuvo y sus pupilas se dilataron. Pese a la poca luz de aquella lúgubre habitación, logró verlo.

1 comentario: