domingo, 30 de junio de 2013

No hay comienzo sin final.

Mientras avanzaba por el estrecho pasillo, su respiración iba acelerando junto con su ritmo cardíaco. A sus escasos 17 años era presa de un intenso temor que podría ser lo último que sentiría. Las luces parpadeantes y el desconocido final del pasillo acrecentaban su ansiedad y pese a todo, seguía avanzando con paso sereno. Finalmente se detuvo, dudosa, bajo el último foco de aquel oscuro pasillo, sin embargo, no había llegado tan lejos para luego retroceder. Firme, siguió su camino, mientras la oscuridad de ese pasillo la devoraba y cobraba vida, las invisibles formas bailaban al ritmo del silencio, ésta oscuridad no era común, era densa, tenía vida y la rodeaba amenazante.

Pasados algunos minutos, que le parecieron horas, dentro de aquella atmósfera, por fin encontró la puerta. Sujetó la perilla unos segundos saboreando su triunfo y finalmente la giró. La chirriante puerta no opuso resistencia y le contó sus secretos. Su corazón se detuvo y sus pupilas se dilataron. Pese a la poca luz de aquella lúgubre habitación, logró verlo.

sábado, 22 de junio de 2013

Conversaciones con el revés.

         La joven escribió “aicilA” con su dedo índice sobre la mancha de vaho que había exhalado en el espejo. Al identificar la consigna pactada, su reflejo dejó de imitarla y resopló en señal de cansancio antes de empezar a hablar.

            – ¿No deberíamos estar durmiendo?

            –No puedo, sigo dándole vueltas a lo que me has contado acerca de ese poder que tienes…

            –…Que tenemos.

            – Eso es lo que no veo claro. En este lado del mundo, es evidente que soy un producto de mis circunstancias. Todo lo que pienso, siento y hago obedece a los acontecimientos que ocurren fuera de mí y sobre los que no tengo ningún control. En cierto modo, soy una víctima del azar.

            –Ya te lo he dicho. No hay víctimas. Eres tú la que crea todas las situaciones en las que te ves envuelta. En cuanto cambies tu forma de pensar, tus circunstancias cambiarán.

            –Pero… no tiene sentido. De tu lado puede que el pensamiento sea la causa que origina todo, del mío ocurre exactamente lo contrario, primero se percibe la experiencia y después…

            –…Es una Ley Universal.

            – ¡Será de tu mundo!

            –U… NI… VER… SAL. De todo el universo.

            – ¡Pues no me lo creo!– De un manotazo emborronó las letras del cristal.

            – ¡Buenas noches!– Dijeron al unísono mientras se daban, sincronizadamente, la espalda.

            Ambas se tumbaron en sus respectivas camas. No tenían más remedio que resignarse, del otro lado del espejo todo parecía del revés.

sábado, 8 de junio de 2013

Simplemente mi rareza.

Sal con una chica que gasta su dinero en libros en vez de ropa. Ella tiene problemas de espacio en su clóset porque ha comprado demasiados. Sal con una chica que tenga una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.
Encuentra una chica que lea. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.
Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.
Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami.
Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace sólo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.
Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.
Por lo menos tiene que intentarlo.
Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.
Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.
¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.
Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.
Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.
Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.
Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si sólo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.