"— Jace Wayland. Cazadores de Sombras"
jueves, 9 de mayo de 2013
Amar es destruir y ser amado es ser destruido.
''Había una vez un niño, Cuando el niño tenía seis años, su padre le dio
un halcón para que lo adiestrara. Los halcones son aves rapaces… que
matan pájaros, le dijo su padre, son los cazadores de sombras del cielo.
-Al halcón no le gustaba el niño, y al niño tampoco le gustaba él. Su
pico afilado lo ponía nervioso, y sus ojos brillantes siempre parecían
estarle vigilando. El ave le atacaba con el pico y las garras cada vez
que se acercaba a él. Durante semanas, no dejaron de sangrarle las
muñecas y las manos. Él no lo sabía, pero su padre había seleccionado un
halcón que había vivido salvaje durante más de un año, y por lo tanto
era casi imposible de domesticar. Pero el niño lo intentó, porque su
padre le había dicho que hiciera que el halcón le obedeciera, y él
quería complacer a su padre. -Permanecía junto al ave constantemente,
hablándole para mantenerla despierta e incluso poniéndole música, porque
se suponía que una cansada es más fácil de domar. Aprendió a manejar el
equipo: las pihuelas, el capuchón, la caperuza, la lonja, la correa que
sujetaba el halcón a su muñeca. Se suponía que debía mantener ciego al
halcón, pero no tenía valor para hacerlo; en vez de eso intentó sentarse
donde el pájaro pudiera verlo mientras le tocaba y le acariciaba las
alas, deseando con todas sus fuerzas que aprendiera a confiar en él. Le
daba de comer con la mano, y al principio el halcón se negó a comer. Más
tarde comió con tanta ferocidad que el pico hirió al niño en la palma
de la mano. Pero el niño estaba contento, porque era un progreso, y
porque quería que el pájaro le conociese, incluso aunque el ave le
dejara sin sangre para conseguirlo. -Empezó a ver que el halcón era
hermoso, que sus alas delgadas estaban pensadas para la velocidad en el
vuelo, que era fuerte y rápido, feroz y delicado. Cuando descendía hacia
el suelo, se movía como la luz. Cuando aprendió a describir un círculo y
posársele en la muñeca, él casi gritó de júbilo. A veces el ave saltaba
a su hombro y ponía el pico en sus cabellos. Sabía que su halcón le
quería, y cuando estuvo seguro de que no sólo estaba domesticado sino
perfectamente domesticado, fue a su padre y le mostró lo que había
hecho, esperando que se sentiría orgulloso. -Pero en vez de eso, su
padre tomó al ave, ahora domesticada y confiada, en sus manos y le
rompió el cuello. Te dije que hicieras que fuese obediente –le dijo su
padre, y dejó caer el cuerpo sin vida del halcón al suelo-. Pero tú le
has enseñado a quererte. Los halcones no existen para ser mascotas
cariñosas: son feroces y salvajes, despiadados y crueles. Este pájaro no
estaba domado; había perdido su identidad. -Más tarde, cuando su padre
le dejó, el niño lloró sobre su mascota, hasta que finalmente el padre
envió a un criado para que se llevara el cuerpo del ave y lo enterrara.
El niño no volvió a llorar, y nunca olvidó lo que había aprendido: que
amar es destruir, y ser amado es ser destruido. ''
"— Jace Wayland. Cazadores de Sombras"
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Guau, simplemente GUAU!! esa es la dura realidad.. me encento
ResponderBorrarAmo esa imegen es tan linda♥ :) amo tu blog.♥
ResponderBorrarpara mi que eso no es cierto. siempre para todo necesitas cariño. :)
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